Venus

Venus

sábado, 30 de junio de 2012

martes, 26 de junio de 2012

La luna


https://www.facebook.com/marioherreroescritor


"La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos."
Pablo Neruda.



No hay una sola estrella en el firmamento,
mi alma ya está vacía, y mis ojos, secos.

Ya hace días, y meses, de todo aquello,
y ya no pienso en ella en todo momento.

Ha pasado el tiempo, pasó una vida,
y aunque yo la recuerdo igual de bella,
ya no la quiero.
Ya no la quiero al menos como la quería.
Pero la sigo queriendo.

Ahora está lejos, bien lejos,
tanto que debería darme risa.
Y aunque, en distancia, esté muy cerca,
su alma es ya lejana a la mía.
Y su cama, y su sonrisa.
Y esa mirada que tiene que embelesa.
Hay cosas que nunca mueren, que son eternas.

Ya hace tanto que casi se me olvida,
tanto que no me entrego a una botella
que ahora siempre me está medio vacía.
Hubo otras, por fortuna, en el recuerdo,
pero fueron como si no fuera ninguna.

Y es que estás tan lejos y tan cerca que parece mentira
que ya nunca vaya a verte desnuda.

Y es que estás tan cerca y tan lejos que parece mentira
que los dos estemos mirando la misma luna.

domingo, 24 de junio de 2012

Poetas



Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

                                           Francisco de Quevedo y Villegas.



Era un poeta burlón y esquivo, satírico, respondón, obsceno, de temperamento sensible y tímido que trataba de sobrecompensar con su lengua afilada y su ingenio vivo, de talante tranquilo si no se le molestaba, o si no bebía, nervioso y cicatero si se le pinchaba lo suficiente. No hablo de Quevedo, que también. Hablo de mi amigo Miguel de Musa, que tuvo la suerte o la desgracia de nacer con el nombre que antaño Quevedo, sí, Quevedo, usara como pseudónimo. Fue este hecho el que hizo a mi viejo amigo comenzar a interesarse por las obras del poeta del Siglo de Oro, a querer imitarle, y a descubrir que en cierto modo ambos eran ya muy parecidos.

Pero Miguel de Musa no componía versos para la Corte ni se batía en duelo literario con lo más granado y valioso de la intelectualidad española precisamente. Miguel de Musa se dedicaba a componer poesías para revistillas y periódicos y a fumar como un carretero entre estrofa y estrofa, a gastarse la mitad de lo que ganaba en el juego y a beber como un cosaco las noches en las que salía, que eran pocas, pero rotundas. A Miguel de Musa no le solía gustar la gente, y mucho menos aún las mujeres, a las que dedicaba profundos versos rencorosos de misoginia y a las que, cuando bebía, trataba de promiscuas y asquerosas para arriba, lo que le llevó a tener no pocos problemas, y a empeorar su relación con ellas considerablemente.

Mi amigo Miguel de Musa murió el año pasado, con cientos de poemas compuestos, infeliz y lleno de talento, como tantos otros. Y eso nos hizo pensar a todos en cuánta gente hay en el mundo que brilla considerablemente y que nunca llega a nada por no rodearse de la gente adecuada. Francisco de Quevedo se pasó la vida entre cárceles y destierros por no saber frenar la lengua ni la pluma. Mi amigo Miguel de Musa se la pasó entre portales cerrados y camas vacías por no querer frenarla, y por no saber frenar sus pensamientos, ya de paso, que le atormentaban y atropellaban constantemente, pensamientos que ordenada y sistemáticamente le destrozaban por dentro. Un hombre más, de entre tantos otros, que pudo haber hecho mucho si no hubiera estado completa y rematadamente loco.

sábado, 16 de junio de 2012

Microrrelatos


"Todo cabe en lo breve. Pequeño es el niño y encierra al hombre; estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento; no es el ojo más que un punto y abarca leguas."
Alejandro Dumas.

       El microrrelato puede abarcar un gran contenido literario en un par de frases; trata de contener una historia o una reflexión brevísimamente expuesta. Se trata de un género que perfecciona la habilidad de síntesis y el ingenio del escritor. Yo voy a probar con unos cuantos por primera vez en mi vida, a ver qué tal.

1. Vivió feliz.

       Vivió feliz, hasta que descubrió el amor, y vio que antes no había sido feliz en realidad. Rompió con ella, y se dio cuenta de que no habían sido felices juntos. Siguió viviendo feliz, hasta que hizo fortuna, y vio que antes de ello tampoco había sido feliz. Y siguió viviendo y sabiendo lo feliz que había sido antes, pero nunca sabía si era feliz o no mientras vivía.

2. Sea breve.
       "Por favor, sea breve", dijo el jefe. Era su primera entrevista de trabajo, tenía que contar lo que sabía hacer en el menor espacio de tiempo posible.
       - Yo...
       "Por favor, sea breve".
       - Acabo...
       "Por favor, sea breve".
       - Yo... acabo de acostarme con su secretaria.
       - ¡Qué breve! Contratado.

3. El siervo:
        Mi vida se basa en esto; ellos creen que yo soy siervo y por lo tanto nunca amo.

4. Dolor.

       Lo que a mí me dolía, ella ni era capaz de sentirlo. Y lo que para ella era doloroso, yo ni siquiera lo percibía. Y no nos dimos cuenta de que nadie en el mundo siente el mismo tipo de dolor que otra persona, que para entenderlo hay que pensar como si se fuera el otro y fingir que se es él por un momento; que gracias a esto el mundo sigue funcionando y no nos hemos matado los unos a los otros.

domingo, 10 de junio de 2012

Ivanhoe


https://www.facebook.com/marioherreroescritor

Campa montado en su caballo bayo,

con un fragor que es del sonido nido,

como el clamor de un estallido ido,

el resonar de un aclamado hado. 


Cabalga en el abandonado vado,

genera un explosivo ruido, ruido;

apresurando su divino sino

embiste contra su pasado dado.


Prosigue su árido trayecto, recto,

repiquetea su armadura dura,

descomponiendo todo recoveco.


Y pese a todo su herradura dura,

lo asola todo cual perfecto Hefesto,

y poco a poco su locura cura.

miércoles, 6 de junio de 2012

Diferencias





            “Las guerras vienen y van pero mis soldados son eternos".

                                                   Tupac Shakur, rapero estadounidense.

            Corrían los años setenta y los dos éramos como hermanos. Llegaron los ochenta, y llegó la pasta y las malas compañías y la puta droga, y no tardamos en separarnos. Éramos tan parecidos y a la vez tan distintos. Él se convirtió en el típico músico pijo mimado, mientras que yo seguí siendo un rapero de los de antes, de los de gorro y chándal y peta en la boca y anillos y siempre rodeado de problemas. Él siguió llevando sus oros, pero se adornaba con una americana chula y pantalón de vestir y camisa y zapatos relucientes. Los dos éramos negros. Él pasó a ser un trovador pacífico y yo seguí hundiéndome en la mierda de las guerras de bandas, conducía deportivos caros y tuneados pero que estaban hechos trizas de cada tiroteo y tenía que ir siempre con una pistola en la mano. Yo seguí con los porros y los tripis y él empezó a tontear con la coca y con las drogas de diseño. Pero los dos nos dedicábamos en esencia a lo mismo; a rapear y a escaparnos de esta mierda de mundo con la poesía y con el colocón de las drogas. El mismo veneno aunque en recipientes distintos.     
            En el barrio y los alrededores seguimos considerando a Jim un esquirol y un traidor de mierda, pero qué carajo, salió de allí rápido y se movió por otras zonas. Y, joder, no puedes intentar putear a un tío que sólo está hablando de la paz y del amor y que respeta a las mujeres y esa mierda. Sencillamente, no puedes querer hacerle daño por muy pijo y chulo que sea. Los que nos quedamos aquí no hablábamos de paz, porque no sabíamos muy bien ni lo que era. Entre 1984 y 1991 recibí dos navajazos en la cara y uno en el brazo, dos tiros en el cuerpo y un tercer balazo en el tobillo que me dejó cojo de por vida. No podía hablar de paz, ni quería. Cada uno teníamos a nuestra familia, a nuestros hermanos, y cada día que salíamos a la calle era a defendernos de las otras familias de hermanos. Y mientras, Jim hacía poesía mojabragas para las chicas que le habían partido el corazón. Y eran raps de puta madre, no obstante.
            Él abandonó todo su pasado y yo abandoné todas mis esperanzas. Cada uno eligió traicionar a una parte de sí mismo a cambio de poder seguir con el rap. Y tuvimos que hacerlo porque el rap se nos salía de las entrañas y dedicarnos a otra cosa nos fue simple y llanamente imposible.